sábado, 27 de outubro de 2012


Los sueños (Parte 1)

 

Durante los últimos dos meses he estado muy mal, nunca en toda mi vida me había sentido tan mal, tan solo y  tan triste. Prácticamente no he podido hacer nada y ni siquiera la anestesia temporal que pensaba que sería mi viaje a México ha funcionado. He perdido toda mi capacidad de control y me he dado cuenta de que era y todavía soy víctima de una obsesión. Una obsesión que dicta todos y cada uno de mis actos. La obsesión de no conformarme con su ausencia y de preguntarme, donde y con quien estará

Ahora estoy mejor y es por eso que intentaré escribir algunas líneas, entre otras cosas porque ahora tengo una lectora. Aquella que siempre quise tener cuando una noche de triste recuerdo, en un túnel oscuro empecé a pensar en la idea de lanzarme a la red. Si es ella, pero no voy a contar todavía como ella llego hasta Jules.

La verdad que decidí ponerme en movimiento entre otras cosas porque me di cuenta que había perdido aquello que siempre me acompaño y que Shakespeare definió como del material del los humanos que estamos hechos, los sueños.

Creo que no hay nada peor que perder la capacidad de soñar y en ese momento hay que reaccionar, muchas veces creando un nuevo sueño y otras decidiendo luchar por aquel que un día, después de haber estado ciego nos damos cuenta que es el sueño de nuestras vidas.

Durante mi vida he tenido muchos sueños, pero ninguno como el que ella representa.

 Creo que mi primer sueño debe haber sido aquel que no te deja dormir la noche del 5 de Enero, los Reyes Magos de Oriente. Nunca quise aceptar lo que mucha gente dice, que es que no existen, en ese punto voy a ignorar sus consejos. Puede que no sean como los imaginábamos al principio, pero de alguna manera existen.

Otro de los sueños de mi infancia, fue como no ser jugador de futbol profesional y claro jugar en el Barça. Es el sueño de casi todos los niños de mi tierra. La verdad es que lo intenté. Durante unos años el Barça publicaba un formulario en los principales periódicos deportivos de la ciudad para que los niños de cierta edad se inscribieran para hacer una prueba. Casi como un deber militar cuando llegó mi edad me presente a las pruebas. Fue muy rápido, jugué bien, pero quise ser un jugador de equipo, pensando que aquellos técnicos del Barça se darían cuenta de mis habilidades, pero me equivoque, para eso hay que ser más atrevido e intentar destacar rápidamente. Unos días después llego una carta que mi padre me entrego,  en ella se agradecían mis esfuerzos pero me negaba el que entonces creía que era el mejor y más grande sueño que iba a tener en mi vida. Ese sueño no fue solo mío, la carta que mi padre me entrego estaba abierta, lo entiendo, pero no me gusto.

 

Jules