Los sueños
(Parte 1)
Durante
los últimos dos meses he estado muy mal, nunca en toda mi vida me había sentido
tan mal, tan solo y tan triste.
Prácticamente no he podido hacer nada y ni siquiera la anestesia temporal que
pensaba que sería mi viaje a México ha funcionado. He perdido toda mi capacidad
de control y me he dado cuenta de que era y todavía soy víctima de una obsesión.
Una obsesión que dicta todos y cada uno de mis actos. La obsesión de no
conformarme con su ausencia y de preguntarme, donde y con quien estará
Ahora
estoy mejor y es por eso que intentaré escribir algunas líneas, entre otras
cosas porque ahora tengo una lectora. Aquella que siempre quise tener cuando
una noche de triste recuerdo, en un túnel oscuro empecé a pensar en la idea de
lanzarme a la red. Si es ella, pero no voy a contar todavía como ella llego
hasta Jules.
La
verdad que decidí ponerme en movimiento entre otras cosas porque me di cuenta
que había perdido aquello que siempre me acompaño y que Shakespeare definió como
del material del los humanos que estamos hechos, los sueños.
Creo
que no hay nada peor que perder la capacidad de soñar y en ese momento hay que
reaccionar, muchas veces creando un nuevo sueño y otras decidiendo luchar por
aquel que un día, después de haber estado ciego nos damos cuenta que es el
sueño de nuestras vidas.
Durante
mi vida he tenido muchos sueños, pero ninguno como el que ella representa.
Creo que mi primer sueño debe haber sido aquel
que no te deja dormir la noche del 5 de Enero, los Reyes Magos de Oriente.
Nunca quise aceptar lo que mucha gente dice, que es que no existen, en ese
punto voy a ignorar sus consejos. Puede que no sean como los imaginábamos al
principio, pero de alguna manera existen.
Otro de
los sueños de mi infancia, fue como no ser jugador de futbol profesional y
claro jugar en el Barça. Es el sueño de casi todos los niños de mi tierra. La
verdad es que lo intenté. Durante unos años el Barça publicaba un formulario en
los principales periódicos deportivos de la ciudad para que los niños de cierta
edad se inscribieran para hacer una prueba. Casi como un deber militar cuando
llegó mi edad me presente a las pruebas. Fue muy rápido, jugué bien, pero quise
ser un jugador de equipo, pensando que aquellos técnicos del Barça se darían cuenta
de mis habilidades, pero me equivoque, para eso hay que ser más atrevido e
intentar destacar rápidamente. Unos días después llego una carta que mi padre
me entrego, en ella se agradecían mis esfuerzos
pero me negaba el que entonces creía que era el mejor y más grande sueño que
iba a tener en mi vida. Ese sueño no fue solo mío, la carta que mi padre me
entrego estaba abierta, lo entiendo, pero no me gusto.
Jules