La partida
No sé muy bien lo que estoy haciendo, pero lo
he pensado muchas veces en los últimos meses. Las mejores frases para empezar este
blog me han venido a la cabeza varias veces en la cama cuando intentaba dormir
y conseguía un poco de relax, pero ahora lo estoy cambiando todo.
Esta necesidad de escribir lo que siento,
creo que me apareció por primera vez hace unos seis o siete meses, cuando un viernes
por la noche, después de jugar a tenis, me sentí sólo y al mismo tiempo hice una
reflexión de lo que estaba viviendo y como recordar todas esas cosas por las
que he pasado.
Creo que soy una persona ha tenido hasta
ahora una vida poco común, la verdad es que siempre quise que fuera así, y ese
también es un motivo que me induce para escribir.
Podría haber decidido simplemente por
escribir un diario, pero en ese caso, mis palabras hubieran quedado única e exclusivamente
para mí y quiero escribir también para otra persona, la única que sabrá de mi
identidad si algún día, cosa poco probable lee el título de mi blog y que debe
influenciar mi escrita como influenciará mis sentimientos y pensamientos, en
este viaje que ahora empiezo.
También son bienvenidos aquellos que
casualmente navegando por los mares interminables de la red pierdan el rumbo de
su periplo viajero y sin darse cuenta encuentren estas palabras.
A pesar de que hace muchos años no vivo en mi
país natal (España) y que a veces los idiomas se cruzan en mis pensamientos, he
decidido escribir en Español ya que es como me siento más cómodo y como creo
que voy a expresar mejor mis pensamientos, aunque muchos de los mejores
momentos de mi existencia han tenido como banda sonora la lengua Portuguesa.
Para empezar a soltar amarras me gustaría
empezar con una hermosa y emocionante carta
de un libro que leí recientemente de Carlos Ruiz Zafón.
Querido
David,
A veces
me parece que empecé a escribirle esta carta hace años y que todavía no he sido
capaz de terminarla. Ha pasado mucho tiempo desde que le vi por última vez,
muchas cosas terribles y mezquinas, y sin embargo no hay un día en que no me
acuerde de usted y me pregunte donde estará, si habla encontrado la paz, si
estará escribiendo, si se habrá convertido en un viejo cascarrabias, si estará
enamorado o si se acordará de nosotros, de la pequeña librería de Sempere e
Hijos y de la peor ayudante que nunca tuvo.
Me
temo que se marchó usted sin enseñarme a escribir y no sé por dónde empezar a
poner en palabras todo lo que quisiera decirle. Me gustaría que supiese que he
sido feliz, que gracias a usted encontré a un hombre que he querido y que me ha
querido y que juntos hemos tenido un hijo, Daniel, al que siempre hablo de
usted y que ha dado un sentido a mi vida que ni todos los libros del mundo
podrían ni empezar a explicar.
Nadie
lo sabe, pero a veces todavía vuelvo a aquel muelle en que le vi partir para
siempre y me siento un rato, sola, a esperar, como si creyese que fuese usted a
volver. Si lo hiciese comprobaría que, pese a todo lo que ha pasado, la
librería sigue abierta, que el solar donde se alzaba la casa de la torre sigue
vacío, que todas las mentiras que se dijeron sobre usted han sido olvidadas y
que en estas calles han tanta gente que tiene el alma manchada de sangre que ya
no se atreven ni a recordar y cuando lo hacen se mienten a sí mismos porque no
se pueden mirar al espejo. En la librería seguimos vendiendo sus libros, pero
bajo mano, porque ahora han sido declarados inmorales y el país se ha llenado
de más gente que quiere destruir y quemar libros que de quienes quieren
leerlos. Corren malos tiempos y a menudo creo que se avecinan peores.
Mi
esposo y los médicos creen que me engañan, pero sé que me queda poco tiempo. Sé
que moriré pronto y que cuando reciba usted esta carta ya no estaré aquí. Por
eso quería escribirle, porque quería que supiese que no tengo miedo, que mi
único pesar es que dejaré a un hombre bueno que me ha dado la vida y a mi
Daniel solos en un mundo que cada día, me parece, es más como usted decía que
era y no como yo quería creer que podía ser.
Quería
escribirle para que supiera que pese a todo he vivido y estoy agradecida por el
tiempo que he pasado aquí, agradecida de haberle conocido y haber sido su amiga.
Quería escribirle porque me gustaría que me recordase y que, algún día, si
tiene usted a alguien como yo tengo a mi pequeño Daniel, le hable de mí y que
con sus palabras me haga vivir para siempre.
Le
quiere,
ISABELLA
Sólo ella me ha inspirado a leer una carta
como esta para alguien y sentir la emoción que ella provoca. Es un sentimiento
único que echare de menos.
Jules
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